Por: Sheila saray salas pacheco

Hoy quiero compartir con ustedes una de las experiencias que nos unen a mi madre y a mi, más allá de el lazo fraternal. En mi familia solo somos dos hijos, yo soy la segunda y al pasar de los años, mi madre siempre ha tratado de darnos lo mejor, lo q este a su alcance, tanto así q con mucho sacrificio ha pagado mis estudios de medicina.

Hace 6 meses tuvimos una calamidad. Yo estaba embarazada y a los 5 meses de embarazo perdí mi bebé, quede en un estado delicado (casi muero). Fue allí, cuando por primera vez conocí el poder que tiene el amor de una madre.

Arriesgando su empleo ella salia mucho mas temprano para estar a mi lado. Durante el tiempo de embarazo ella estuvo conmigo siempre ya que mi embarazo era de alto riesgo y debía cuidarme mucho. En ocasiones la escuche llorar, clamando a Dios que restaurara mi salud. Y nunca me dejo sola, siempre me demostró su amor.

No tengo cómo agradecer a mi Madre, por su dedicación, amor, comprensión, por todo lo que ella ha hecho por mi. Tal vez en esta historia no todo sea color de rosa, Pero esta  experiencia que viví con mi madre jamas la olvidaremos, siempre estará en nuestras mentes, mas aun porque me di cuenta que,  el amor q ella siente por mi, no tiene limites.

Su amor y  dedicación para conmigo nunca ha cambiado. A pesar de que soy  una mujer adulta y casada ella aun se desvela por mi. Hoy con propiedad y siendo testigo de eso, puedo decir al mundo que no hay mejor medicina para curar nuestro dolor, nada  mas grande, fuerte, que el AMOR DE UNA MADRE.