Por: Santiago Arroyave

El crecer junto a una familia unida es una de la muchas cosas que debo agradecerle a mi madre, ella en el momento que decidió regalarme la vida supo claramente que afrontaba cambios, cambios que la conducirán a camino lleno de retos y dificultades a la par de momentos gratificantes y  reconfortantes, Un camino que está ligado a la vida y que atraviesa cambios según pasa el tiempo, pero al final un camino que no se desvanece y que no termina.

Es reconfortante escuchar decir a mi madre que gracias a mi hermana y a mi, sus hijos, ella aprendió lo que realmente significa amar de manera desinteresada, mientras nosotros aprendíamos todo de ella, aprendimos que el estar presente, que acompañarla, que procurar el bienestar de los que amas vale más que un objeto material ya que las cosas brillantes se opaca en un mundo donde la ambición amenaza con acabar el buen juicio.

En fin, son pocas las palabras para expresar lo que he vivido junto a mi familia, y lo mucho que admiro a una mujer fuerte, decidida y valiente a la cual puedo llamar mama.