Después de 2 años de noviazgo y las peleas normales que tiene todo el mundo, una equivocación y el fin de la comunicación habían dado por terminada la relación con la mujer que pensaba era el amor de mi vida. Al traste los planes y un viaje sorpresa que había pensado para semana santa de 2012, recorrer Italia de norte a sur, comer y tomar lo que nos diera la gana y donde nos diera la gana.

Un amigo y su novia eran la compañía que iba a tener ahora que la mujer de mi vida ya no me quería ver. Mas que perder su tiquete, el vacío de hacer un viaje sin ella, pero tenerla presente todo el tiempo, sólo para extrañarla.

El día de mi regreso de vueltas de visado de Bogotá, me encontré con una de sus amigas, la saludé brevemente y con algo de vergüenza, seguro que yo era el top de los mas odiados, sin embargo ella fue especial y me animó a buscarla, me recordó que era la mujer de mi vida y después de varios meses de no cruzar palabra me animé a hacer todo para recuperarla.

Diecisiete fue la fecha que escogimos para el inicio del noviazgo porque ninguno estaba seguro de la correcta y después, siempre hemos celebrado ese día. Eso me convenció de que deberían ser 17 rosas y no otras las que debía mandar a su casa, lo cual fue un problema al momento de convencer a la floristería de mandarlas, pues además pedí que fuera una rosa por día por 17 días y finalmente, 17 rosas el último. Estaba desesperado y como no quería hablarme también empecé a escribirle diario, eran mis pensamientos y sentimientos sobre ella y sobre lo que adoraba de ella y quería volver a tener.

Desde finales de marzo le mandé correos electrónicos con palabras que hoy, después de 3 años leo y con dificultad reconozco como mías, fueron mi corazón en bruto. Pasé todo el viaje por Italia escribiéndole, hasta dos veces por día, nunca recibí una respuesta, pero mi corazón estaba convencido que algo había logrado y pasados 13 días cuando estábamos rumbo a Roma en un tren, decidí adelantar mi regreso y aparecer de sorpresa en su casa, un salto al vacío en medio de la situación.

Contacté a mi excuñado que me dio la información correcta para llegar cuando ella no lo esperará, compre un nuevo tiquete pues no pude cambiar mi regreso en la temporada, al llegar a Medellín encargué una argolla de oro con nuestra historia escrita en un rollo delgado de oro y aparecí en su casa con músicos, la argolla y otras tantas rosas, las palabras fueron pocas y ella con su mirada y unas lágrimas me abrazó. Hoy estamos comprometidos y en noviembre ella me va a regalar la felicidad de ser mi esposa, nos volvieron a unir las palabras y la verdad del corazón. Ella es mi diecisiete y eso es todo para mí.