Niños, déjenme contarles cómo le propuse matrimonio a la abuela María Clara. A ella le encantan las leyendas del Lejano Oriente y a mí, hacerla sonreír. Ella es historiadora y yo trabajaba como gerente de mercadeo para una multinacional. Llevábamos dos años de feliz convivencia en Medellín y deseaba por todos los medios casarme con ella. Sí, ya sé, tenía un trabajo que necesita creatividad, tenía el anillo comprado hace seis meses, hasta tiene letras chinas grabadas… ¡Pero no sé cómo decirle! Amor, muéstrales el anillo a los niños, por favor.

Una noche llegué a casa, me sirvió la comida y me contó un mito chino sobre una taza de té. Y se me iluminó la idea. Y mi mente creativa empieza a soñar con un plan.

Amanece, la montaña está nublada. Nos levantamos a las cinco de la mañana, como siempre, a meditar juntos. Salgo a trabajar a las 6:30 a.m., más temprano que ella. Pero hoy es distinto. A las once de la mañana, le digo al jefe que por fin me le voy a declarar a mi prometida, compro una vajilla de té adornada con detalles chinos y té Oolong. Pregunto cómo preparar el té y cuál es el protocolo.

La recogí cuando salió del trabajo, me la llevé a la terraza del apartamento, extendí un mantel, saqué la tetera y las tazas.

– Amor, quiero tener este detalle contigo, hace días no hacíamos nada así… La vida que llevamos es sencilla y mágica, muchas gracias.

– Cielo, mi Gus, gracias a ti, ¡eres el mejor hombre del mundo!

Preparé el té para ambos. Como estaba oscuro, María Clara no supo a qué horas eché el anillo de diamantes en la taza.

– Bebe despacio, amor, el protocolo dice que hay que tomarlo por sorbos.

– Ah, bueno, ya por ahí voy sorbiendo de a poquito entonces, mi vida…

Al rato de beber el té, brilló el anillo en la taza y ella la soltó con cuidado en su regazo. Cuando descubrió la sortija de diamantes, me dice:

– ¡¿Ahhh, qué es esto?!

– Pues es que no sabía cómo decirte esto… ¿Te casarías conmigo?- Le dije muy sonrojado.

Me besó sin dudar y luego descubrió que el anillo tenía 24 diamantes, como los meses que llevábamos viviendo juntos y una inscripción en chino que decía “Amor Eterno”. Y se sigue cumpliendo hasta hoy. ¡Vamos a tomar el algo! ¡Felicidad!