Estaba en el aeropuerto esperando mi vuelo hacia Bangkok, mientras hablaba por celular con mi novia, Rosita. Ella trabajaba mientras  yo me iba a una rueda de negocios por Tailandia. La iba a extrañar durante todo el mes.

– Amor, ¿y qué vas a comer por allá? ¿Araña frita?

– Cielo, eso es en China, voy para Tailandia y allá son vegetarianos en su mayoría…

– Ahhhh, ya respiro, como dicen que Asia es tan raro…

– Si lo dices por Jairo, a él sí le tocó comer bichos raros en China. ¡Me voy al avión, cielo! ¡Te amo mucho!

– ¡Y yo te amo mucho! ¡Besos y buen viaje!

Soy empresario; de lo bueno, quiero lo mejor. Supe durante el vuelo que Tailandia tiene una de las mayores vetas de rubíes del mundo y que las joyerías abundan en un sector de la ciudad. Rosita es Aries y su pasión son las joyas, en especial las rojas.

Tres días más tarde, atendí las negociaciones y luego fuimos en grupo a comer algo. Después del tour de rigor con las impresionantes construcciones antiguas y modernas, la gran calidad humana, la variedad de sabores y texturas, le sugerí a unos colegas que fuéramos a ver joyas para nuestras mujeres. Ubicamos el lugar y nos separamos para explorar. Y en una de tantas vitrinas, encontré unos aretes con rosas de rubíes y diamantes tan hermosas…

Cuando regresé a Colombia, mi Rosita me estaba esperando en el aeropuerto. El jetlag me dio fuerte. Tan pronto como reposé un rato en casa, la vi dormida junto a mí. Despertó al momento y me sonrió. Busqué en el bolsillo de mi chaqueta la caja con el regalo y se lo di. Un beso suyo me hizo sentir de nuevo en mi hogar.