Por: Ángela Cecilia Hurtado Botero

 

Un día un amigo en común, le dio a cada uno de nosotros el número del teléfono del otro, yo refundi el papel en el closet y pasaron 3 meses de eso, como el papel no tenía nombre, no le presté mucha atención, pero un sábado, después de 3 meses, me puse a organizar el closet y encontré el papel. Como estaba buscando trabajo, marque al teléfono que ahí decía a ver de que empresa era, cuando al otro lado del teléfono me responde una voz…..

Que voz!!! Casi me muero cuando lo escuché, ni siquiera sabía quién era, cómo se llamaba, qué confusión…… Pronto recordé ese día en que nuestro amigo me había dado ese número y le pregunté si conocía a mi amigo?? Que descanso, era el, era real y si, si lo conocía.

Empezamos a conversar por el teléfono mientras yo organizaba mi closet y el aplanchaba su ropa, la conexión fue inmediara y hablamos de todo, como si nos conociéramos de siempre.  Quedamos de salir esa noche a cine, pero que susto, no lo conocía y que le iba a explicar a mi mamá??? Sin embargo, el corazón se me agitó, preludio de la felicidad que me esperaba y de donde no se, saque la fuerza para volarme y conocerlo.

Cuando llegó puntualísimo a demás, le preguntó al portero de mi edificio: y como es? Es calvo? Tiene bigote? Es viejo? Y que tranquilidad sentí cuando el portero me responde a todo que no y por fin me animé y baje.

Cuando se abrió el ascensor…. Wow, mis ojos no podían creer ese espectáculo de hombre que había detrás de esa puerta del edificio e inmediatamente pensé…. Llegó el papá de mis hijos, me voy a casar con este hombre!!

Y así fue, a partir de hoy, nunca más volvimos a separarnos, duramos 4 años de novios y llevamos 10 felices años de matrimonio, el cual se desarrolló hasta con dispensa papal, porque en el 2005 no se aceptarán matrimonios entre personas de dos religiones diferentes, pues yo era Católica y el Mormón, pero, el amor verdadero lo puede todo y con el nacimiento de nuestra primera hija mi amado esposo quiso volverse católico, para darle a nuestros 2 amados hijos, un hogar con Dios presente.

Hemos pasado todo tipo de pruebas, pero el amor es más fuerte y estamos juntos y más felices.