Todo comenzó en el barrio donde yo vivía, una tarde cuando jugábamos había un compañero nuevo en el barrio, él se encontraba parado en la puerta de su casa viéndonos jugar y de pronto dirigí mi mirada hacia él y le pregunte “Quieres jugar con nosotros” contesto que sí, allí comenzó nuestra historia de amor.

Yo tenía 9 años y él 10, comenzamos un camino juntos por así decirlo, fuimos creciendo juntos, yo estuve en su primera comunión él en la mía, yo en sus 15 él en los míos, así mismo en  nuestros grados de colegio, pero de pronto un día ya hicimos caminos separados. Él se fue del país yo cambie de ciudad pero en cada oportunidad que teníamos preguntábamos a nuestros amigos y familiares por la vida de ambos en una ocasión nos encontramos pero con la noticia de que se iba a casar, noticia que no fue de mi agrado le pedí que no lo hiciera pero las cosas no cambiaron, nuevamente nos alejamos al mucho tiempo yo también me case y comencé una vida con otra persona con la que Dios me dio 2 lindas hijas, con el tiempo esta relación se terminó, quedando sola con mis dos hijas pequeñas de tan solo 3 años y la menor de 8 meses y llena de problemas y tristezas.

Un día mi hermana se encontraba en el hospital de Armenia y al salir de las salas de cirugía se encontró con este amigo de la infancia, quien sin dudarlo pregunto por mí y por mi número de teléfono, mi hermana le facilito la información por lo que nuevamente nuestras vidas volverían a encontrarse.

Yo siempre conserve en mi billetera una foto suya, la cual por ningún motivo sacaría de allí, por fin llego el día en que sonaría el teléfono y fuera él, conversamos por muchas horas, las llamadas se repetían con más frecuencia y las visitas también, mis hijas lo conocieron y desde ese mismo instante fue una empatía mutua.

Después de algún tiempo vino la propuesta de matrimonio a la cual siempre le dije que no, porque no quería pasar por lo mismo pero la insistencia vence lo que la dicha no alcanza, llego el día en que le dije que si, en cuestión de quince días se arregló la boda y desde entonces vivo súper feliz ya llevamos 13 años, y como se lo digo a él “No veo mi vida sin él” y sin dudarlo me volvería a casar con él.

Gracias Dios por permitirme comenzar una nueva vida al lado de un gran hombre, un hombre sincero, tierno, trabajador y lleno de tantas cosa buenas para mis hijas y para mí, dejando el pasado atrás y los malos recuerdos.