Por Susana Franco

En el momento de nuestro nacimiento conocemos al ser más maravilloso de la tierra, persona pura e inquebrantable con la que creamos un vínculo tan verdadero como eterno y a quien le decimos mamá. Mamá nos enseña que las adversidades de la vida son insignificantes cuando se tiene un corazón de hierro, ella nos enseña que todo es posible, que su regazo es tan protector como curativo y que ella puede tomar el lugar de todos, pero nadie puede ocupar el espacio de ella.

Es por eso que de niños las idealizamos, las creemos perfectas, invencibles cual heroína sacada de un cuento pero al pasar de los años y cuando su piel se marchita descubrimos que florecemos gracias a su entrega pero que su cuerpo y su alma se ajaron con el paso firme de cada segundo.

Aprendí eso desde los tres años, cuando papá no fue capaz de mantener nuestro hogar unido y decidió marcharse de casa… Mamá inicio su lucha y tomo la que ha sido sin duda su decisión más difícil: dejarme donde su familia!

Las madres dan todos por sus hijos y cuando creen caer sacan fuerzas de donde no las hay para continuar.

Sus visitas no eran muy constantes, pues se debatía entre darme algo o venir desde la ciudad hasta la finca a más de 4 horas en donde me encontraba, entonces la veía poco pero la extrañaba demasiado. Así fueron pasando los años, fui creciendo y la tecnología fue avanzando; ya podía hablar con ella antes de irme a la cama y podía saludarla para que me diera su bendición antes de salir a estudiar. Muchas noches e llorado su ausencia pero e valorado cada momento que compartimos, siempre a echo lo posible por acompañarme en mis momentos más importantes.

Sus manos se ven cansadas por el arduo trabajo que ha tenido desde que se separó de mi vera añadiéndole la inmensa tristeza de perderse mi infancia y soportar a distancia la inmensa nostalgia que producen noticias en las cuales solo mamá puede consolar, como cuando murió mi perro, las lágrimas invadieron a la chiquilla de 8 años, solo un llamado desesperado, Mamá; mi peludo ya no está, pero ella tampoco pudo estar para ayudar a disipar tan inmenso dolor que producía la pérdida de un amigo de cuatro patas en el que me había refugiado.

El tiempo no se detiene y pasaron muchos más años, mis cumpleaños, mis reuniones de colegio, mi primer amor y primer herida que causan las promesas rotas y aunque no podía alentarme, siempre me acompaño desde la distancia, finalizando cada día con un Te amo sin importar lo que suceda, porque aunque tu padre nos allá dejado hemos tenido la valentía para luchar por un futuro para las tres, pues aprendí que Madre solo hay una capaz de perdonar a su hijo tantas veces se equivoque porque ella tampoco es perfecta, capaz de dejar de comer por ver a su hijo sonreír, capaz de caminar descalza para que los pies de su pequeño no se lastimen, capaz de darle la mejor vida posible así no estuvieran juntas…

Lo aprendí no porque ella me lo haya contado, lo aprendí porque hoy de una niña maravillosa soy Mamá también y aunque su abuela no está siempre, porque a veces repetimos historias, aquella mujer sigue dando su vida por hacer una sonrisa permanecer en el rostro de sus amores, dejando huellas imborrables de constancia y entrega, quien si lucha por mantenernos en unión y quien me demostró que un padre no es el que engendra, sino el que cría y que a la larga hace falta pero no es tan indispensable como ella, quien es luz y guía, la familia se ama y mis tías han sido un gran apoyo pero mi Madre no hay si no una!