Hay momentos en la vida que pasamos sin saber qué historias van a salir de ahí, si es que simplemente se quedarán en momentos que pasan de manera efímera o si se quedarán por más tiempo. Así empezó mi historia con ella… un sábado cualquiera y un concierto fueron el escenario para el primer encuentro, ella con su grupo de amigos, y yo, nunca fuimos presentados todo fue muy normal hasta que se presentó un problema y ninguno de sus amigos estaba en ese momento, la policía intervino y yo, por instinto de protección la abracé.

Mi abrazo fue malinterpretado, su mirada fue clara, hasta que se dio cuenta de que no era por tocarla, sino por salvarla de los uniformados que empezaban a repartir golpes a diestra y siniestra; su mirada de agradecimiento y temor se mezcló con el casi inaudible “gracias” que salió de su boca, pero no supe reconocer en el momento que era ahí, en esos brazos y en esa boca, donde yo quería estar.

Pasaron los meses y junto con ellos otras personas, otras atracciones que no eran amor pero llenaban un poco el vacío, sin embargo, el universo conspira y dicen que en la cárcel y en la cama se conoce a los amigos, en mi caso, fue más allá de eso y en la enfermedad se dio el momento perfecto para que supiera que su interés era real.

Una operación de rodilla que no salió tan perfecta como debió ser, una amiga que dejó ver que las cosas fáciles no siempre son la mejor opción y ella, con su calidez en cada llamada, desde la primera llamada recién salido de la anestesia, con la cabeza revuelta por la droga y escucharla decir casi entre lágrimas “pensé que te habías muerto”; aún no dimensionaba ni sabía para dónde iba esta amistad, pero cuando las cosas deben ser, el universo conspira para que se logren. No hubo una declaración formal, el “¿Quieres ser mi novia?” Se dijo solo sin necesidad de palabras y cuando nos fuimos a dar cuenta, ya íbamos juntos para todas partes, estaba sobreentendido e implícito que éramos una pareja, no solo entre sus amigos y los míos, sino en nuestras familias y es quizá ese rubro el que se ha presentado como el verdadero reto, más allá de dominar los egos o de aprender a compartir y convivir entre la gente y los problemas diarios, la aceptación de su familia ha sido el principal reto y en el que aún seguimos trabajando.

Como dije al principio, hay momentos en la vida que no sabemos cómo van a acabar, yo no lo sé, sigo escribiendo mi historia con ella, nuestra historia, esa que empezó en un concierto cualquiera, y en la que por un momento fui el caballero de brillante armadura que rescataba a la princesa, como sucedía en los cuentos que en mi niñez mi abuelo me contaba, ese hombre que me enseñó que mientras sigas escribiendo, no hay punto final.