Por: Ana Villada Pino

SER MAMA, AMOR Y PASIÓN

Mi abuela materna, Judith, crió doce hijos; mi abuela paterna, Sofía, nueve. Madres modelo a seguir, ambas se levantaban a las cuatro de la mañana, se bañaban con agua fría y comenzaban sus quehaceres desde ese momento hasta el anochecer.

Mi abuela Judith, después de despachar a sus hijos a la escuela y marido al trabajo, regaba las matas, remendaba pantalones, barría y trapeaba la casa, mientras hacía el almuerzo que debía estar listo para las doce del medio día.

Mi abuela Sofía, en Santa Barbara, preparaba el desayuno, alimentaba a los pollos y marranos, iba a recoger las verduras al campo, mandaba mercado en burro a sus hijos que estaban en Medellín, arreglaba la casa y hacía almuerzo, para que a las tres de la tarde, que empezaran a llegar sus hijos y esposo, todo estuviera listo.

Mi mama tuvo dos hijos, mi hermano mayor y yo. Ella es una persona…No se, no encuentro una palabra, una sola para describirla y seguir con la historia, pues para mi, mi mamá es inspiración, trabajo duro, cuidado, amabilidad, gentileza, armonía, apoyo, sacrificio, paciencia, fortaleza, incondicional, protección.

Cualidades que he visto en ella a lo largo de la vida, cuando me protegía de los rayos y centellas, cuando me contaba historias de cuando ella era niña antes de dormir, cuando la escuchaba cantar y yo pensaba que no había en el mundo voz más hermosa que la suya, cuando salía a las dos de la mañana a caminar conmigo cuando yo no me podía dormir, cuando se reía de mi papá por dejar quemar las arepas.

Mi mamá siempre esta ahí para cuando yo la necesite y ella me tiene a mi. Mi vida ha sido una historia de amor, mi mamá me ha transmitido todo lo que lleva en su corazón y yo me siento responsable de no dejar morir todas estas buenas cosas.

Me siento a pensar y ella es como mi súper heroína, no hay otra forma en la que ella pueda lograr todo esto si no es con AMOR Y PASIÓN.