Por:  Katia Skarlette Rojas Porto

Las madres so ángeles que Dios nos envía para dar a nuestra vida un motivo para luchar, es por ello que aunque eternas no se quedan aquí eternamente, son seres demasiados puros para habitar en un mundo lleno del odio que ellas con su más puro e infinito amor tratan de apaciguar.

Desde muy pequeña, mi madre, hija de una familia numerosa, amó las novelas románticas, amaba leer y fantasear sobre su futuro esposo y lo maravillosas que serían sus tres hijas, sí, tres, de las que solo nació una a quién llamó en honor al legendario personaje del único libro escrito por Margaret Mitchell lo que el viento se llevó, Katia Skarlette Rojas Porto, la hija más afortunada de todas orgullosamente hija de Carmen Rosa Porto Henríquez, la madre más fuerte, valiente, luchadora y amorosa del mundo.

Nací el 22 de marzo de 1.995 en Apartadó (ant), dentro de un matrimonio católico, mis padres duraron 11 años de casados, los cuales producen en mí un amargo recuerdo ya que fueron esos, los años en que mi madre fue más infeliz, siendo víctima de un marido machista, maltratador, pero su mayor sufrimiento fue siempre ver derrumbarse aquel sueño que tuvo desde niña de un matrimonio eterno y una familia feliz.

Cuando tenía 8 años, el 31 de diciembre de 2002, el matrimonio de mis padres llegó a su fin, a partir de ese momento fueron mi madre en compañía de mi abuela quiénes se encargaron de mi crianza, sí, perdí un padre, pero tenía dos maravillosas madres que me hicieron olvidarlo.

Mi madre a pesar de ser enfermera, ejerció muy poco su profesión ya que consideraba que no era lo suficientemente lucrativo para pagarme a mí un viaje a París de 15’s y mucho menos la universidad, a su hija prodigio, la que siempre soñó ver convertida en una gran abogada, fue por ello que decidió independizarse, con su ahorros, instaló una parabólica en el corregimiento el Totumo (Necoclí), además de prestar dinero a personas del pueblo, le empezó a ir muy bien, de hecho bastante bien, pero siempre tuvo un gran error, el confiar en las demás personas.

Fue en diciembre de 2009, cuando su socia, envió a la puerta de nuestra casa a trabajadores de un ex jefe paramilitar a obligarle a dejarlo todo, fue así como todo el dinero que tenía se esfumó en cuestión de nada, sus ahorros de toda la vida, el futuro de hija, todo se desvaneció dejándola así en la ruina.

Luego de eso, la familia con temor a que algo pudiera sucederle, le pidió que se trasladara a la Ciudad de Madrid, ya que allá tenemos familia y a las enfermeras se les paga bastante bien, ella a pesar de las muchas insistencias, declinó la oferta solo porque no quería alejarse de mí, decía que jamás iba a dejarme solita y que por muy bien que le pagaran no podía compararse por el infinito amor que sentía por mí, mi abuelita le insistió mucho, le dijo que se quedaría conmigo, que yo la entendería, pero no quiso, se quedó conmigo y yo con mi dulce mamita.

Cuando se llegaron mis 15’años, el sufrimiento se apoderó de ella al no poder cumplir mi sueño de llevarme a París, sin embargo, tuve el mejor regalo de todos, una fiesta improvisada, con ayuda de toda la familia, con un lindo vestido de princesa, mi madre y mi abuela a mi lado y todos los demás sonriendo orgullosos de mí que a partir de ese momento dejaba de ser una niña y pasaba a ser una linda señorita.

Fue a las pocas semanas de mi fiesta, que mi madre recibió una llamada que la obligó a irse de allí, llegando así a la ciudad de Medellín y por primera vez, separándose de mí.

Ese año, mi último año de colegio, viví en casa de mi abuelita, quién a pesar de su artrosis y múltiples dolencias, se levantaba a las 4:30am a regar las matas y a despacharme para el colegio, me empacaba el desayuno, me despedía con una bendición y en la tarde estaba esperando por mí con un almuerzo que sabía a amor, por otro lado, mi mami me llamaba todos los días, hablábamos por más de una hora a diario, como yo nunca fui de muchos amigos, ella y mi abue eran mis mejores amigas, les contaba todo, absolutamente todo, era una increíble relación de tres.

En septiembre de ese mismo año, mi madre tuvo que volver, yo estaba perdiendo el año debido a la profunda depresión en la que llegué a caer porque no estaba a su lado, el máximo tiempo que llegué a pasar sin ella había sido una semana y aunque mi abue me llenaba de amor y mi familia trataba de mil maneras hacerme sentir bien, necesitaba a mi mamita a mi lado, necesitaba verla, abrazarla, ver tv a su lado, dormir con ella, necesitaba a mi mamita y fue por ello que mi mamita sin importar que podía pasar, volvió a mí.

La crisis no se había superado, aún nos encontrábamos después de tenerlo todo, económicamente muy mal, se alquiló nuestra casa y fuimos a vivir con mi abuelita, yo me había hecho a la idea de estudiar alguna tecnología en el Sena o algo por el estilo porque comprendía que no había dinero para pagar la universidad y tampoco para sostenerme en la ciudad, sin embargo, en noviembre de ese año, cuando una tía, mi tía Neila y su esposo (Mi padrino y mi padre), me regalaron la inscripción a la universidad y ofrecer su apoyo para que yo pudiera vivir en la ciudad, fue así como ingresé a la Universidad Autónoma Latinoamericana en el programa de Derecho, ese día los ojos de mi madre estaban tan llenos de orgullo que me propuse ser la mejor abogada del mundo para ella.

El 24 de enero de 2011, debía llegar a la Ciudad para ir instalándome y conociendo un poco, ese día en la tarde, mientras terminábamos de empacar, mi madre tomó la decisión de venirse conmigo, una amiga tenía un apartamento en el centro y decidimos irnos a vivir allí con sólo un colchón, los implementos básicos de la cocina y muchas ganas, aunque sólo teníamos dinero para pagar las cuentas, éramos muy felices porque estábamos en camino a lograr nuestro más grande sueño, mi abuelita nos mandaba cajitas con comida para que no pasáramos hambre, la familia nos ayudaba también y fue así como logramos sobrevivir el primer semestre, luego con la ayuda de Dios, logró montar un negocio en el que le iba bastante bien y fue así como logramos sostenernos el resto del tempo. Al llegar la navidad, por primera vez, ella no tuvo para comprarme ropa y muchos menos un regalo, tampoco pudimos viajar a nuestro pueblo a estar con nuestra familia, estábamos las dos, ella y yo contra el mundo, sólo las dos, luchando para alcanzar nuestros sueños juntas, fue por ello, que el 24 de diciembre de 2011, le juré a mi Mami que cuando fuera una abogada, le compraría el anillo de compromiso más hermoso del mundo, porque era ella el amor de mi vida, lo más valioso para mí y que todo esos sacrificios se los compensaría, le juré que al no querer volver a rehacer su vida a pesar de sus múltiples pretendientes, yo estaría con ella para siempre y que ese anillo de compromiso que jamás pudo tener y siempre deseó, se lo regalaría yo, por entregarme a mí su vida, sus mejores años y todo su amor y que una vez yo fuera abogada haría lo mismo por ella, cuidaría de ella y la haría la mamá más feliz y orgullosa del mundo a lo que ella respondió: ”Ya lo soy”.

Así fueron transcurriendo los años, yo ya me encontraba en séptimo semestre, cuando le salió un bulto en la garganta, estaba mi abuelita en la ciudad por unas citas médicas que tenía con especialistas, ella no se sentía bien, por ello, el 01 de marzo del 2014, mi mami acudió al hospital general para saber a qué se debía dicho bultico, fue ahí donde inició la lucha de las tres, ese mes iba a cumplir 19 años, los cuales celebramos mi madre, mi abue, mi prima y yo en el hospital, ya habían pasado 22 días y aún no se sabía que tenía, sin embargo, a pesar de la angustia, fuimos felices, porque estábamos juntas y eso, era lo más importante.

Mi mami me prometió ese día que mis 20 los celebraríamos las 4 con un increíble viaje a las Islas de San Andrés.

El 01 de abril, le dieron de alta, ya había un diagnóstico seguro: cáncer de estómago, debía acudir al oncólogo para realizarse el respectivo tratamiento pero había pasado un mes y aún no habían dado la orden, fue por ello, que en base a mis conocimientos, realicé mi primera Acción de Tutela, la cual ganamos, a la semana siguiente ya mi madre estaba entrando al consultorio del Doctor Ramos en el hospital general para saber que podíamos hacer para curar tan terrible enfermedad, luego de numerosos exámenes, descubrimos que el cáncer ya había hecho metástasis, que sólo se le podía brindar un tratamiento paliativo y que no viviría más de seis meses.

Mi mamita, que siempre fue tan sana, tan bonita, esa mamita que se quedaba dormida en los muebles de la sala mientras yo trasnochaba estudiando, esa mamita que dio y sacrificó todo por mi incluyendo la posibilidad de volver a estar con alguien, a esa mamita, la iba a perder y sólo me quedaban seis meses para disfrutarla, nuestros sueños, nuestros planes, ¡Su anillo de compromiso! No podía dárselo, no tenía el dinero, no era abogada.

Los siguientes meses, fueron los más dolorosos de mi vida, mi abuelita mi prima y yo le dimos todo el apoyo, todo el amor que pudimos, éramos muy positivas, ella estaba mejorando, estaba muy bien tanto que el oncólogo se llenó de esperanzas, ya que realmente la apreciaba, se veía tan bonita, tan llena de vida y una vez finalizó el tratamiento, le recomendaron seguirse cuidando, pero con un diagnóstico muy positivo.

Al mes y medio de haber finalizado el tratamiento, uno de sus senos empezó a endurecerse, como si se hubiese creado una pasta gigante dentro de él, fuimos nuevamente al oncólogo y este le envió nuevos exámenes pero dijo muy contento: “Si pudiste con ese cáncer de estómago, puedes con esto, si es un nuevo cáncer hacemos quimioterapia nuevamente y todo estará muy bien”, esas palabras nos llenaron de esperanzas y pocas semanas después, a finales de noviembre ya con los resultados en mano era la cita, a la cual no pude asistir porque tenía examen ese día, por lo que fueron mi mami, mi abue y mi prima, al llegar a casa, les pregunté qué había sucedido, las tres se echaron a llorar, no era un nuevo cáncer, eran metástasis, estaba en la etapa terminal y no había nada que hacer…

Llegó diciembre, mi prima se fue el 15 para la casa de sus padres y mi madre insistió que mi abue se fuera con ella, nosotras iríamos el 31 a pasar año nuevo con todos y mi abue, a regañadientes aceptó, a los pocos días de mi abue haberse ido, mi mami no pudo volver a pararse de la cama, compré pañales e inicié a atenderla, día y noche, noche y día, le daba trazodona y morfina, aprendí a canalizar y a inyectar. No dormía por miedo a que me necesitara, ella trataba de mostrarse fuerte para no preocuparme pero yo lo sabía, el 24 de diciembre, empezó a toser sangre, ya no estaba respirando bien y fue como si Dios se lo hubiese dicho al oído, el 25 en la madrugada, aparecieron en nuestra puerta mi tía Neila y mi Abue, verlas causó en mí una infinita sensación de felicidad, ya no estaba sola, ya estaba el equipo completo.

Mi tía me marchó sola el 28 en la noche, puesto que debía trabajar, quedando mi abue y yo al cuidado de mi mami.

El 30 de diciembre, mi mami milagrosamente se paró de la cama, se bañó, comió de los tamales que le mandó una cuñada, mi abue y yo no cabíamos de la emoción, pero poco después de las dos, volvió a caer en cama, no respiraba bien y pidió que la lleváramos al hospital.

El área de urgencias estaba llena, llegamos a las 3:00pm, le dije a mi abue que se fuera porque sólo podía ingresar un acompañante, sólo la atendieron a pesar de su gravedad después de las 6:00pm, le pusieron oxígeno y la dejaron en una silla de ruedas mientras se desocupaba una camilla.

Fue la noche más larga y aterradora de mi vida, ese día me di cuenta que era un hecho, mi mami se moría y yo no podía hacer nada por salvarla, ese día vi toda la vida correr ante mis ojos, ese día experimenté el dolor más grande que jamás había llegado a sentir, ese día fui infeliz.

Fue hasta después de las 3:00am que pasaron a mi mami a una camilla, ninguna pudo dormir, estábamos tan agotadas, pero ello no paraba de toser y ahogarse y yo no dormía temiendo lo peor.

A eso de las 7:00am, mi abue llamó diciendo que estaba afuera del hospital esperando que le dieran entrada, llegó aproximadamente a las 9:00am y me dijo que me fuera a la casa a cambiarme y dormir un poco, yo no quería, pero por petición de ambas lo hice y quedé de volver a las 2:00pm, no sabía lo cansada que estaba hasta que me acosté en la cama y me quedé profundamente dormida.

A las 11:00am me llamó mi abue, yo contesté muy asustada, me dijo que debía llegar al hospital inmediatamente, me paré, me bañé en dos minutos y me fui, al llegar, estaba con ellas el médico paliativo, me explicó que a mi madre le estaban dando morfina cada tres minutos y ya ni eso podía controlar el dolor, así que a petición de ella, le darían un sedante que la hundiría en un sueño profundo hasta que Dios decidiera llevársela, por lo tanto, debíamos despedirnos de ella.

Nada se comparará con el dolor que sentí aquel momento, ella llamó a sus hermanos, se despidió de todos, a sus sobrinos, a todos aquellos que amaba, luego se despidió de mi abue y de una amiga que estuvo siempre a su lado, por último se despidió de mí, me dijo que me amaba, que yo era su vida y que sabía que no me iba a quedar sola, porque tenía otra madre conmigo, minutos más tarde, llegó la enfermera, vi cómo iba cerrando sus ojos, quedando para siempre dormida.

Mi abue no dijo nada, sólo me abrazó y a las 6:00pm hora que finalizaban las visitas, le dio un beso a su hija y otro a mí, quedando solo mi mami y yo en aquella habitación.

A eso de las 7:00pm, un primo pudo colarse y me llevó comida, puesto que llevaba dos días sin comer, comí un poquito, me puse pijama y me senté al lado de ella, tomando su mano y ella a pesar de su estado de inconciencia apretaba con fuerza. A las 7:40pm llegaron los enfermeros de turno a cambiar el respirador, de pronto vi en un monitor como los números en un monitor disminuían junto con la fuerza de su mano sujeta a la mía hasta llegar a 4, luego oí a la enfermera decir “lo siento mucho, no hay nada que hacer”.

Y fue así como el 31 de diciembre de 2014, a pesar de las muchas canciones que le canté y las muchas veces que la llamé, que mi mami no volvió a despertar.

Pasado el tiempo, mi abue, en medio de todas sus enfermedades, sumada la depresión que le dio la pérdida de su segundo hijo, fue hospitalizada de urgencias en la clínica panamericana de Apartadó, tan solo mes y medio después de aquel suceso, los médicos no nos daban esperanzas, nos decían que cada día se ponía peor, su cuerpo llegó a ser solo piel y huesos, aquella mujer robusta, viuda a los 28 años, capaz de levantar seis hijos sola trabajando en su taller de costura no quería seguir luchando, iba a perder a mis dos madres en un abrir y cerrar de ojos, iba a quedar por siempre sola.

Un día recibí una llamada, era mi tía para decirme que nita había despertado del coma y quería verme, fue así como viajé a Apartadó y la vi, en esa cama, tan flaquita, tan enfermita y sin brillo en los ojos, aquella imagen me partió el alma, pero estaba viva y eso era motivo suficiente para sonreír y dar gracias a Dios por aquel milagro.

Su recuperación no fue nada fácil, pero al cabo de seis meses, ya se encontraba muchísimo mejor, había recuperado casi todo el peso y milagrosamente había dejado de subir su presión, poco a poco volvió el brillo en sus ojos y fue una vez que tuvo cita con el internista que me dijo que amaba con el alma, que yo era su Rosita chiquita (porque soy una réplica exacta de mi madre) y que no me iba a dejar sola nunca, fue ese momento en el que di gracias infinitas a Dios por no haberme dejado desamparada, de repente la rabia que tenía con él desapareció y fui feliz, muy, muy feliz por tener a una maravillosa, valiente y amorosa madre a quién seguir amando, entendí que las ganas de vivir de mi abue se debían en gran parte a mí y debía compensarle por ello, descubrí que era ella quién debía llevar ahora ese anillo de compromiso, por todo su amor, por toda su entrega a sus seis hijos, a sus nietos, a mí más que todo, porque por mí es ahora una hermosa y saludable mujer que hace ocho días le fue puesta una prótesis en su rodilla derecha y se está recuperando con mucho entusiasmo para caminar, correr y estar a mi lado en cada logro, en cada desgracia, en cada momento y aunque aún no soy abogada porque debido a las circunstancias me atrasé un poco, nada me haría más feliz que poder darle ese hermoso anillo de compromiso ahora, por sus infinitas ganas de vivir, por su infinito amor, compañía y comprensión, porque es la mejor mamá-abuelita del mundo y merece la joya más hermosa que jamás tuvo por ello, porque en su felicidad trabajo yo a diario, amándola infinitamente cada día y así será por el resto de mis días, ella es ahora mi inspiración, mi musa, por ella seré la mejor abogada del mundo, por ella seré una gran mujer.

Sé bien lo largo que es esta historia, pero no hay forma más corta de contar la valentía, la lucha, el amor y el valor que me han demostrado mis dos madres, las personas que más amo en el mundo, las que me dan la fuerza suficiente para seguir mis sueños, una desde el cielo y la otra desde aquí, dos mujeres que me enseñaron que no hay nada más hermoso que el amor ni nada más puro, fuerte e inquebrantable que el amor de una madre.