por: Margarita Maria Arias Rojas

y entonces en pocas horas podré decirle que la espero para buscar figuras en las nubes. le enseñaré a silbar y cantaremos juntas mil canciones.

cada vez que nos veamos la peinaré mientras le cuento un cuento. mantendremos las manos abiertas y extendidas para que las caliente el sol y se nos llenen de bendiciones.

buscaremos nidos y los observaremos en silencio sin tocarlos. haremos torres de piedras y palitos, y coronas de ramas y flores.

construiremos un cambuche junto a mi cama con una sábana blanca. nos pondremos botas de plástico para aprender que es posible caminar por los pantanos frecuentados por otros que no tienen botas.

nos disfrazaremos para entender que el peto evitará los dardos en el corazón, que los guantes son caricias suaves, que las espadas encienden los rayos, que las gafas de trapo alejan los espantos que se meten debajo de las camas.

comeremos galletas remojadas en leche, machacaremos corozos, tomaremos sopa si queremos que el pelo crezca y se nos ponga lindo. acompañaremos a los niños callados y los haremos sentir tranquilos.

buscaremos la palabra precisa para decir lo siento, te quiero, te extraño. inventaremos cuentos y los escribiremos en el aire y después los copiaremos en un cuaderno grande.

y pediremos al ángel de la guarda que nos cuide. y entonces seré la abuelita más feliz del mundo.